Nunca podemos saber con seguridad para quién serán nuestras oraciones, ni de dónde vendrán las respuestas. Justo cuando pensamos estar lo más cerca de Dios, podríamos estar ayudando al diablo.
Al pasar un texto en limpio, el autor que pretendía hacer dos cambios hace veinte.
El tacto produce ideas. Por más cerebral que sea la escritura, depende de un roce, el contacto con la pluma o el teclado, un requisito físico que proviene de algún bisabuelo genético, un antropoide encantado de usar el pulgar oponible.
Las manos lastimadas de los escritores vienen de tanto ensayar ese misterio. Deletrear el universo obliga a usar la única parte del cuerpo que incluye las cinco puntas de una estrella. .